Vivir sin leer es peligroso, obliga a conformarse con la vida, y uno puede sentir la tentación de correr riesgos (Michel Houllebeq Plataforma)
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06/12/2005
23/10/2005
El mundo ideal de Auden La mano del teñidor del por aquí ya mencionado W. H. Auden traducido al español en la argentina Adriana Hidalgo Editora. Libro de ensayos y comentarios muy a su estilo, claro, algo irónico, tengo que hacerme con él. Los extractos leídos aquí y aquí me llaman la atención: En mi soñada Universidad de Poetas, el plan de estudios sería el siguiente: 1-Al menos una lengua antigua adicional, probablemente el griego o el hebreo, y dos idiomas modernos. 2-Aprender de memoria miles de versos de poemas en esos idiomas. 3-La biblioteca no tendría libros de crítica literaria, y el único ejercicio crítico exigido a los estudiantes sería escribir parodias. 4-Todos los alumnos cursarían prosodia, retórica y filología comparada, y tendrían que elegir tres de las siguientes materias: matemáticas, historia natural, geología, meteorología, arqueología, mitología, liturgia y cocina. 5-Cada alumno se ocuparía de criar un animal doméstico y cultivar un jardín o una huerta. Este centro educativo estaría ubicado sin duda en el paraiso soñado por Auden: PARAÍSO Paisaje: Meseta de piedra caliza, como los Apeninos, más una pequeña región de rocas ígneas con al menos un volcán extinto. Una costa vertiginosa y escarpada. Clima: Británico. Origen étnico de los habitantes: Muy variado, como en los Estados Unidos, pero con un leve predominio nórdico. Lenguaje: De orígenes mixtos, como el inglés, pero con muchas inflexiones. Pesos y medidas: Irregulares y complicadas. Ausencia de sistemas decimales. Religión: Católica, apostólica y romana, con un tranquilo estilo mediterráneo. Copia de santos locales. Dimensiones de la capital: El ideal de Platón, unas 5004 personas. Forma de gobierno: Monarquía absoluta, elegida de por vida por la mayoría. Fuentes de energía natural: Viento, agua, carbón de turba, hulla. Nada de petróleo. Actividades económicas: Minas de plomo y de carbón, plantas químicas, fábricas de papel, crianza de ovejas, agricultura mecanizada, horticultura de invernadero. Medios de transporte: Caballos y vehículos tirados por caballos, barcas de canal, globos. Ni automóviles ni aviones. Arquitectura: Estatal: barroca. Eclesiástica: románica o bizantina. Doméstica: siglo XVIII inglés o colonial norteamericano. Muebles y utensilios del hogar: Victorianos, con excepción de las cocinas y los baños, que deben contar con las comodidades más modernas que existan. Ropa formal: La indumentaria parisina de 1830 hasta la década de 1840. Fuentes de información pública: El chisme. Publicaciones técnicas y especializadas, pero no periódicos. Monumentos: Únicamente en memoria de cocineros famosos. Diversiones públicas: Procesiones religiosas, bandas militares, ópera, ballet clásico. Ni cine, ni radio, ni televisión.
09/06/2005
Eltraficante hace suya una opinión ajena En China un preso escribió 15 libros en cinco años, en Argentina Jorge Bucay hizo lo mismo pero continúa en libertad.
11/03/2005
Digital Medusa Como el libro de Pericoli no está al alcance de todos (o bien, si lo está, uno no cree que contenga todos los autores que busca), se hace necesario, e incluso obligatorio, una visita a las galerias albergadas por el proyecto Digital Medusa. Se trata de una colección peculiar en la que uno halla una serie de retratos de escritores y personajes literarios recreados por diferentes firmas del mundo del cómic. Sirva hoy como ejemplo este impresionante Dashiell Hammett y su "Halcón Maltés", por cortesía de Michael Larkin, el dibujante de Gotham Central o las ajetreos diarios en la comisaria de la ciudad de Batman. Realmente este es el autentico material del que están hechos los sueños.
Tullio Pericoli: Retratos Tullio Pericoli: Retratos Está obra en concreto solo puede ser ojeada. Sin prólogo, comentario o anotación ninguna, todo lo que se lee en sus páginas son los nombres de las personas que aprecen retratadas: casi seiscientas figuras del mundillo de la cultura universal de los últimos siglos. Sería más comodo enumerar quienes no están retratados, pero seguro que eso provocaría los celos de alguno.
Dejando de lado cientificos, compositores, cantantes políticos y ese batiburrillo de las llamadas "personalidades" en el que cabe todo el mundo cuyo nombre sea recordado durante más de cien años, aún queda una buena lista de escritores cuyos trazos aparecen en el libro. En algunos casos son dibujos basados en retratos o fotografias más conocidas; en otros existen rasgos caricaturescos, acompañados de detalles que ya son inseparables de cada personaje: Marcel Proust de la mano de su madre, Umberto Eco en hábito de monje ante el scriptorium, el poeta Auden y sus cigarrillos Hemingway en la sabana entre los leones o Robert Louis Stevenson ante un horizonte de mapas e islas. Desde luego, bien puede decirse que aquí están todos los que son.
10/03/2005
John Keats Bajo el grabado de un arpa griega se encuentra enterrado el poeta John Keats, en un tumba ubicada en el cementerio protestante de Roma, un pedazo de orden ajardinado anglosajón rodeado de ruinas eternas; la pirámide de Cayo Cestio se encuentra bastante cerca de allí. Se trata de un lugar para yacer muy acorde con el espíritu de la época que el mismo autor ayudo a consolidar: lo temprano de su fallecimiento (a los 25 años) y el mótivo (tuberculosis) son otros dos tópicos que ayudan a construir su figura como la del poeta prototípico del Romanticismo inglés al lado de nombres como Shelley y Byron.
"Esta Tumba contiene los restos mortales de un JOVEN POETA INGLÉS, quien en su lecho de muerte, con el corazón lleno de Amargura, a la Pérfidia de sus enemigos dedicó estas palabras para ser grabadas en la lápida."
Here lies One Whose Name is writ in Water ("Aqui yace alguien cuyo nombre está escrito en el agua")
Sólo la frase final es obra del propio Keats. Dos amigos que cuidaron del poeta enfermo hasta el final consideraron que debía ser precedida por un aviso de lo mal que había sio tratado en vida por la crítica y los familiares (más tarde se arrepintieron de añadir sus propias palabras).
Resulta paradójico que la fama del "señor John Keats de metro y medio", como una vez se autodefinió de manera burlona, se perpetúe con una lápida en la que no dejó nombre, fecha ni lugar alguno. Un gesto que no de otra manera puede ser definido sino como perfectamente romántico. El lugar de este autor y el de su obra en la literatura universal es ya indiscutible, así como su influencia: Juan Carlos Mestre le dedica un largo poema con el título de La tumba de Keats. Pero sin duda, a un sector importante de los lectores (como es el caso de El Traficante) le viene a la cabeza el homenaje indisimulado que aparece a lo largo de Hyperion y La Caida de Hyperion, de Dan Simmons, novela en dos partes a veces demasiado sobrevalorada que funciona a golpe de acumulación y refinado de la mayoría de los tópicos de la literatura de ciencia ficción.
03/03/2005
De Humani Corporis Fabrica: carne para la picadora Andrés Vesalio: De Humani Corporis FabricaUna cortesía del proyecto Turning the pages de la British Library Hace algunos años, los libros más vendidos escritos por un médico eran los de Pío Baroja, hoy día son los de Robin Cook, ya se ve la evolución del arte. Pero hace algunos siglos Andrés Vesalio (1514-1564) convirtió su manual de anatomía Sobre la estructura del cuerpo humano en un auténtico best seller de la época. Y lo más importante, en un clásico. Este anatomista o físico de origen flamenco que estuvo al servicio del emperador Carlos V sería la mezcla actual de un forense y un patólogo, un especialista en el descubrimiento, descripción y uso de órganos, músculos y otras vísceras que llenan ese saco de piel y pelos que se mira cada mañana al espejo sin reconocerse. En pleno Siglo de los Descubrimientos, la labor del anatomista que levantaba mapas inéditos del cuerpo humano bien podía ser comparada a la de sus contemporáneos cartógrafos del Nuevo Mundo, que iban trazando poco a poco las líneas de costas desconocidas en los portulanos.
Junto a los textos descriptivos, teóricos o simplemente anecdóticos (como la narración de la aventura que le supuso a Vesalio robar un esqueleto) el libro ha pasado a la historia por sus excelente grabados anatómicos, obra de Jan Stephan van Calcar, discípulo de Tiziano. Los dibujos, detallados y naturalistas, muestran a veces figuras humanas completas despellejadas y con el aparato muscular al descubierto, otras veces recubiertas de vasos sanguíneos y otras que son puro hueso. Todas adquieren poses artísticas, como un modelo vivo ante un grupo de estudiantes de Bellas Artes. Algunos actitudes son incluso simbólicas, como ese esqueleto reclinado en una lápida que coloca su mano sobre un cráneo humano al que mira de forma pensativa a través de las cuencas vacías de sus ojos, recordando la mortalidad del hombre.
Las novedad del método de trabajo de Vesalio respecto a los médicos tradicionales, y que le permitió escribir este libro, fue poner las manos en la masa (encefálica). Hasta aquel entonces, el anatomista titulado por alguna universidad era casi un teórico que se mantenía a distancia del objeto de estudio, generalmente un cadáver (con todo lo que el tabú medieval sobre los muertos conllevaba). Mientras, el trabajo sucio de sierra, corta y cose quedaba en manos de tipos tales como barberos, o cirujanos pocos más especializados que un carnicero. De hecho, eran carniceros. Vesalio, dotado del equilibrio entre empirismo y teoría del buen científico moderno examina de primera mano aquello que describe y saca sus conclusiones.
Muchos de sus descubrimientos venían a contrastar o rechazar las teorías del griego Galeno, la máxima autoridad médica durante la Antigüedad y la Edad Media. Por ejemplo, sobre su idea de que el útero tenía forma de cuerno comenta en el libro que ni en sueños Galeno ha examinado de cerca el útero de una mujer, sino acaso el de vacas, cabras y ovejas. Existen en su obra nada más que dos descripciones ilustradas de cuerpos femeninos diseccionados. Vesalio se especializó en anatomía masculina, bien debido a la escasez de cadáveres de mujeres convictas ejecutadas (el patio de la horca era la principal fuente de materia prima) o tal vez al miedo a ser considerado un depravado. Aunque exhaustivo, en su descripción del aparato reproductor femenino Vesalio pasó por alto toda mención de los Tubos de Falopio, que fueron más tarde descritos por su discípulo -¿se adivina quién?- Falopio (1523-1562).
El sentido artístico de estos dibujos se completa, como si se tratase de retratos de personas vivas, con fondos paisajísticos de estilo renacentista. En ellos se muestran escenas campestres y de ruinas, inspiradas posiblemente en los alrededores de Padua, la ciudad italiana sede de la facultad de medicina mas prestigiosa de Europa en la cual desarrolló su labor de enseñanza.
El autor unió el arte con la ciencia de una manera pocas veces alcanzada: es posible que alguien haya oído hablar en la actualidad de un pobre imitador suyo, también médico, que se dedica a hacer exposiciones con cadáveres conservados como estatuas. Pero el interés que despierte esto puede responder más al sentimiento de morbo que a un afán divulgador combinado con un sentido estético. Si alguna vez el Traficante tiene oportunidad de parar ante una exposición de Von Hagens, ampliará el tema. Desde luego, la ambición de Andrés Vesalio parece más sincera, acorde con el espíritu del Renacimiento de un conocimiento total y del paso de unas disciplinas a otras: esperaba que sus imágenes corporales sirvieran, no sólo para médicos y especialista en medicina como también para que los artistas de la pintura, la escultura tuvieran modelos naturales en los que inspirarse. Es más, Miguel Ángel copió las formas de varios torsos descritos en este libro para usarlas en algunas de sus frescos de la Capilla Sixtina.
27/02/2005
Hojeando He aquí un sitio en el que realmente hojear. La British Library ha puesto a disposición del público una docena de libros antiguos y manuscritos de su colección, escaneados y en formato interactivo. El proyecto Turning the pages ("pasar páginas") ofrece entre otras joyas un cuaderno de Leonardo Da Vinci, otro de Jane Austen, y volumenes miniados medievales, arabes, hebreos y budistas que conforman una lista sin parangón. Todos se cargan en muy poco tiempo y ofrecen, además de pasar virtualmente la página, una lupa para observar al detalle imágenes y tipos de letras, textos explicativos y traducciones y un formato de audio. Algunas reseñas de los contenidos, proximamente en esta sección.
21/02/2005
Eric: simpatía por el diablo Terry Pratchett: Fausto Eric Tras la irregular Soul Music, novela con más baches que logros, aparece en castellano esta pequeña obra (no más de 150 páginas) que concentra lo mejor del ingenio de Pratchett en un espacio reducido, con apenas tres personajes desarrollados, los justos y los necesarios: el invocador fáustico y demonólogo venido a menos que da título al libro; Rincewind, un habitual que pertenece de la plantilla fija del Mundodisco y el Diablo en persona.
Es necesario aclarar que la longitud de esta obra viene dada por el formato de libro ilustrado del original inglés (en la versión española carece de dibujo alguno, casi hasta en la portada), al igual que la todavía inédita The Last Hero. Gracias a ello, su autor deja a un lado la engorrosa tarea de la descripción, ardua a veces tanto para el lector como para el escritor, y pasar a las ideas, apenas dedicando un esfuerzo a la trama que es simple aquí como el mecanismo de un picaporte: Eric invoca al Diablo y en su lugar aparece Rincewind. Pasan algunas cosas; a su vez, el Diablo persigue a Rincewind por intrusismo profesional. Pasan algunas otras cosas. Fin.
Lo que de verdad atrae el interés, siendo el aliño de la simplicidad casi perfecta de esta novela corta, es el espíritu de la parodia, las ideas antes mencionadas. Aquí, el Traficante reconoce haberse hallado en un cruce entre las simples parodias sobre el género de fantasía iniciales de Pratchett, como La Luz Fantástica o El Color de la Magia, y obras complejas y más oscuras (menos "graciosas", más "graves") como Dioses Menores y otras que llegarán algún día traducidas, caso de Night Watch. Desde luego reírse de la cultura clásica como lo hace aquí con los temas de Fausto, La Divina Comedia, o la poesía homérica es un paso más hacia la consagración de Terry como el gran retratista de los tópicos culturales de nuestra época. Pero no se trata sólo eso.
Existe una ironía profunda que se encuentra enterrada en las mismas raíces del Mundodisco, el mundo de Pratchett, que alimenta los ideales de sus historias. Sale a la luz para el lector a través de esos chistes, expresados en forma de paradojas, que actúan como contundentes golpes de ingenio sobre los mismísimos fundamentos de las ideologías de nuestro propio mundo, ya sean religiosas, políticas o sociales. De las primeras hay buenos ejemplos aquí, como cuando se establece que la diferencia que existe entre los demonios y los Dioses del Disco es básicamente la misma que hay entre terroristas y revolucionarios. O cuando se lee que la gente solamente va al infierno si es ahí donde creen en el fondo de su alma que merecen ir. Cosa que no harían si no saben de su existencia. Esto explica por qué es importante disparar a los misioneros en cuanto se les ve.
Con todo, el mayor hallazgo en esta obra es ese infierno al que su supremo líder ha decidido convertir en la empresa administrada de manera moderna y eficiente con la que muchos proletarios de corbata de hoy en día se sentirán irónicamente identificados. Así pues y en definitiva, Eric es el perfecto remedio filosófico para aquellos que sufran de los achaques de la vida diaria y consideren que Jorge Bucay es una vieja meona de prosa cursi. Por lo demás, una muy buena historia.
12/02/2005
James Joyce Más de Fuld: James Joyce (muerto en 1941) estuvo escribiendo durante siete años la novela Ulises, dedicandose a continuación a la creación de un mundo propio, que, casi veinte años después, regaló al público. Aquella monstruosidad lingüística llamada Finnegans Wake redujo considerablemente el número de sus lectores, ya que nadie entendió la obra, e incluso los amigos más íntimos de Joyce se negaban a pasar el resto de su vida descifrando aquella novela crípticamente codificada. Joyce murió poco después consciente de haber creado una obra maestra que sólo él podía leer: "¿Es que nadie la entiende?"
08/02/2005
Lope de Vega Dice Werner Fuld: La vida del poeta español Lope de Vega (muerto en 1635) podría servir de modelo para un opulento filme de aventuras, y nadie creería que en toda esa acumulación de complicaciones eróticas y tragedias privadas se hacía una representación más o menos realista de su vida. Según algunos cálculos, Lope de Vega tuvo tiempo aún para escribir, simultaneamente, mil quinientas piezas teatrales, de las cuales se han conservado, en efecto, quinientas, pero también poesía, canciones, relatos mitológicos y novelas. Su productividad es un auténtico enigma, pero explica por qué, en su lecho de muerte, pudo decir:
"a Dante lo encontré siempre aburrido"
04/02/2005
Jorge Luís Borges And ne forhtedon na ("Y jamas con temor")
Éstas palabras corresponden a un verso de La batalla de Maldon, poema histórico-épico que narra la derrota en el siglo X ocurrida a los anglosajones al mando del caudillo Byrhtnoth (o Beorhtnoth segun las fuentes) frente a los invasores vikingos. El texto constituye, junto al poema mítico Beowulf, una de las producciones mas importantes de la literatura inglesa antigua:
Ordenes dio / cabalgando entre ellos de siempre aguantar / y guardar posición, y bien sus escudos / mandó sotener con fuerza en el puño / y jamas con temor. Cuando ya aquella tropa / formada tuvo, donde a gusto él estaba / allá desmontó, con sus propios guerreros / su más fiel gente.
(traducción de Luis y Jesus Lerate, contenida en Beowulf y otros poemas anglosajones)
En lugar de símbolo religioso alguno (nada más que una pequeña cruz de gales en la parte inferior) la lápida muestra bajo el nombre del difunto un grabado circular que muestra en un estilo tosco a siete guerreros marchando en fila con sus armas levantadas. Se trata de la copia de un relieve existente en el monasterio de Lindisfarne que recuerda el saqueo vikingo realizado allí en el siglo VIII. En sus estudios sobre literaturas germánicas medievales el propio Borges escribe:
Una lápida del norte de Inglaterra representa, con torpe ejecución, un grupo de guerreros nortumbrios. Uno blande una espada rota; todos han arrojado sus escudos; su señor ha muerto en la derrota y ellos avanzan para hacerse matar, porque el honor les obliga a acompañarlo".
El reverso de la lápida (sin foto disponible por ahora) contiene otro grabado y otros versos igual de antiguos:
Hann tekr sverthit Gram okk legger i methal theira bert ("tomó su espada, Gram, y colocó el metal desnudo entre los dos")
Para ampliar información sobre el significado de estas palabras, el sentido que la muerte tenía para el escritor argentino y su amor por una particular versión de la antigüedad mítica, el Traficante recomienda leer un poco más acerca de El último artificio de Borges. De nada." Yonki sitting in a dark bedroom with 3 junkies, female. brown paper bags filled with trash are everywhere. it is one-thirty in the afternoon. they talk about madhouses, hospitals. they are waiting for a fix. none of them work. it's relief and foodstamps and Medi-Cal. men are usable objects toward the fix. it is one-thirty in the afternoon and outside small plants grow, their children are still in school. the females smoke cigarettes and suck listlessly on beer and tequila which I have purchased. I sit with them. I wait on my fix: I am a poetry junkie. they pulled Ezra through the streets in a wooden cage. Blake was sure of God. Villon was a mugger. Lorca sucked cock. T.S. Elliot worked a teller's cage. most poets are swans, egrets. I sit with 3 junkies at one-thirty in the afternoon. the smoke pisses upward. I wait. death is a nothing jumbo. one of the females says she likes my yellow shirt. I believe in a simple violence. this is some of it. sentado en un dormitorio oscuro con 3 yonquis, mujeres. hay bolsas de papel marrón con basura por todas partes. es la una y media de la tarde. hablan de manicomios, de hospitales, están esperando una dosis. ninguna de ellas trabaja todo es subsidio, cupones de comida y Seguridad Social.
los hombres son objetos que sirven para conseguir la dosis.
es la una y media de la tarde fuera crecen plantas pequeñas sus niños están todavía en la escuela. ellas fuman cigarrillos y aburridas dan sorbos de cerveza y tequila que he comprado yo.
estoy sentado con ellas espero mi dosis: soy un yonki de la poesía.
A Ezra lo arrastraron por las calles en un jaula de madera Blake creía en Dios. Villon fue un ladrón. Lorca chupaba pollas. T.S. Elliot trabajaba detrás de una ventanilla,
la mayoría de los poetas son cisnes, garzas.
estoy sentado con 3 yonkis a la una y media de la tarde.
el humo es una meada ascendente
espero.
la muerte es el Jumbo de la nada.
una de las mujeres dice que le gusta mi camisa amarilla.
creo en la violencia natural.
aquello era parte de eso.
30/01/2005
Charles Bukowski Yo recuerdo hablarle a Irvine Welsh de Bukowski, cuando lo entrevisté en Madrid hace un par de años, y que Welsh me decía que sí, que estaba bien Bukowski, pero que siempre estaba contando las mismas historias. Welsh hablaba mucho de "desarrollar nuevos espacios imaginativos" y un montón de cosas más, que sonaban muy bien, sin duda, pero que en realidad no eran otra cosa que verborrea de mercachifle literario. Es increíble lo que llega a largar por la boca un escritor para intentar vender su quincalla. Y lo más gracioso es que toda esa gente termina creyéndose lo que dice. Termina descubriendo América. Yo creo que le vendría muy bien aplicarse el lema que figura en la lápida del viejo Buk: "DON´T TRY" [ni lo intentes]. Esta gente se esfuerza demasiado. Yo mismo me esfuerzo demasiado. Y, desde luego, todos hablamos demasiado.
Roger Wolfe: ¡Que te follen Nostradamus!
28/01/2005
El libro de los muertos Fuld Werner, ha publicado un Diccionario de últimas palabras, compendio curioso que recoge todas esas famosas y no tan famosas frases y expresiones proferidas por las celebridades de la historia universal, algunas verificables, otras atribuídas al mito y el chismorreo cultural. Por supuesto también aparecen las de los escritores, esos tipos que se supone tienen la palabra adecuada para describir cada situación, persona y acontecimiento. Aunque muchos supieron dar con las descripciones exactas para otros fallecidos, reales o ficticios, no siempre supieron estar a la altura de la posteridad que les esperaba al pie de la cama micrófono en mano.
Si bien en el futuro aparecerán aquí mismo algunas perlas recogidas por Werner, el Traficante se dedicará primero a otra labor necrófila de importancia: las lapidas e inscripciones funerarias. En cierto modo, un epitafio representa la última línea del último capítulo que pueda escribir un autor y es también un registro de entrada en el Libro de los Muertos, libro esté con el que traficaré a gusto durante una temporada.
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