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El traficante de libros

Échale la culpa al jefe

Échale la culpa al jefe Josep M. Rosanas Martí: Como destrozar la propia empresa y creerse maravilloso. Claves para evitar las malas artes empresariales.


Ni Sun Tzu, ni Maquiavelo. Los viejos filósofos de la guerra y la política práctica aplicados a los ejecutivos agresivo de hoy día no enseñan tanto como este breve manual del genero de literatura empresarial trufado de psicología inversa. No es que diga nada original. De hecho, repite machaconamente los mismos conceptos una y otra vez durante las ciento y poco páginas, así que uno puede pasar directamente al epílogo, dedicado tanto a subordinados y proletarios de oficina que le tienen ganas al jefe como a asociados de clubes de ajedrez y corales de canto y militantes de partidos políticos que tengan que aguantar al capitoste de turno:



Un breve resumen para terminar, querido lector. Ya he advertido que este libro está pensado para el lector apresurado, y que no es imprescindible haber leído todo para llegar aquí. En el fondo, así como los Mandamientos de la Ley de Dios se resumen en dos, estos consejos para destrozar su empresa se resumen en tres:


1) Maltrate a las personas que forman parte de su empresa, cuanto más mejor. No físicamente (podría usted ir a la cárcel), tampoco no pagándoles lo debido (también), ni insultándoles de manera explícita (aunque esto, a veces, puede empezar a tener su eficacia). Esencialmente, tratándoles como cosas o como animalitos, dándoles a cambio dinero (el mínimo posible) o algún azucarillo (sonrisas, que cuestan poco) tratando de extraerles todo lo que a usted le puede interesar sin tener en cuenta para nada lo que les puede interesar a ellos. Haga que se sientan defraudados con la mayor frecuencia posible. Cuando sea así, les recuerda que usted es el jefe y que tiene el derecho legal a tomar la decisión que corresponda.


En resumen, y como el management consiste esencialmente en hacer las cosas a través de otras personas, para organizar un desastre haga lo que a estas otras personas les molesta. Haga que le odien. Haga que haya mal ambiente. Haga que todo el inundo se enfade. Pero ¡cuidado! Las personas tienen su propia manera de ver las cosas y es posible que si usted pretende crear mal ambiente, se cree un buen ambiente... contra usted. Y que hagan funcionar las cosas como a ellos les parece y no como le parece a usted; con lo que no se sentirá nada maravilloso.


2) Haga exactamente lo mismo con clientes y proveedores. Trate de extraer lo máximo posible de los primeros, e intente llevar a la ruina a los segundos. No se plantee el problema de cómo hacer algo que les resuelva algún problema a ellos: podrían agradecerlo y continuar comprando sus productos o prestándole a usted un buen servicio Si quiere usted destrozar su empresa, debe hacer que periódicamente se sientan defraudados exprimiéndoles lo máximo posible Tener a todo el mundo en contra es un elemento crucial en el destrozo, y si esto se consigue aumentando el beneficio por acción trimestral en unos céntimos, usted podrá sentirse satisfecho y maravilloso. Pues ¿qué se han creído?


3) Vaya usted a por todas. Apúntese a cualquier producto que tenga éxito (con retraso, por supuesto, porque si tiene éxito es que no es usted el primero), apúntese a cualquier técnica de gestión que tenga éxito, use cualquier tipo de truco para conseguir que su gente haga lo que usted quiere tanto si va en su propio interés (de ellos) como si no. De esta manera, si su empresa tiene una competencia distintiva, si tiene alguna personalidad, la ira perdiendo al incorporarse tarde a lo que los demás ya saben hacer mejor que ella. Igualmente, al incorporar las técnicas (ya ligeramente obsoletas) que tienen éxito en otros sitios, y hacerlo como meras técnicas estará tratando a su personal como si fuera un objeto inanimado, con lo que conseguirá que realmente se convierta, en un objeto inanimado en relativamente poco tiempo. Si entonces usa usted algún incentivo económico fuerte, o algún truquito psicológico para conseguir que hagan lo que usted quiera, prácticamente lo tiene hecho. Su empresa está destrozada: la gente no le sigue más que con trucos o con cantidades crecientes de dinero; su empresa no tiene ninguna ventaja competitiva sobre las demás y la motivación de los que la componen está bajo mínimos. Elementos imprescindibles, y prácticamente suficientes, como para que al cabo de poco tiempo no queden de ella mas que trocitos.


Y usted puede creerse maravilloso con toda tranquilidad. Posiblemente los efectos perversos de su gestión no se noten hasta que haya tomado las riendas su sucesor. Y si entonces a alguien se le ocurre echarle la culpa a usted, le sobran argumentos para combatirles: tomó decisiones arriesgadas en su momento para adaptarse al mercado. No consiguió que su gente, anclada en antiguos prejuicios, le siguiera. Nadie le puede reprochar nada: usó usted las más modernas técnicas de gestión y de motivación. Incluso hizo cursos de comunicación para tratar de ver dónde fallaba usted al transmitir los mensajes (en realidad, usted sabe que tomó el curso para ver dónde fallaban ellos al escuchar. Un ingrediente importante en creerse maravilloso es buscar siempre la culpa en los demás. Y es que son tan estúpidos que hay que decirles las cosas de determinada manera para que no las malinterpreten. jQué lata! tener que entretenerse en hacer ver los porqués de las cosas ¿no?. Un ejecutivo no debería tener que perder tiempo en estos asuntos, con la cantidad de reuniones importantes con otros directivos maravillosos que tiene pendientes...

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