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El traficante de libros

War Story :"La Historia es un campo donde todos pueden segar"

<strong><em>War Story</strong></em> :&quot;La Historia es un campo donde todos pueden segar&quot; Garth Ennis (guión), Carlos Ezquerra (dibujo): War story: Condors


Así de primeras, Condors podría parecerse al típico chiste del repertorio hispano: "esto eran un alemán, un inglés, un irlandés y un español que se metieron en el cráter de un obús y entonces va el alemán y dice..." Sin embargo este es una relato de cuatro soldados distintos entre sí en tierra de nadie que pertenece a la serie de cómics War Story, de Garth Ennis. Todos los argumentos de la misma giran alrededor de episodios personales, "batallitas" contadas por los personajes, que suceden en el transcurso de la II Guerra Mundial. Aquí nos encontramos con un escenario menos habitual: la batalla del Ebro, en el tercer año de la Guerra Civil española, la batalla de los cien días. El interés del autor por este periodo de tiempo ya sirve por sí solo para enseñarnos que lo que se cocía en España era la antesala de algo mucho más gordo. A riesgo de resultar un poco tópico el Traficante opina que, como siempre, tienen que venir de fuera a contarnos nuestra propia historia. Y en el caso del mundo del comic, este es casi el único ejemplo serio de relatar este periodo, si dejamos aparte las extensas (ya van por el tercer tomo) aventuras de Max Fridman en ¡No pasarán! de Vittorio Giardino.


Ennis ya tenía alguna maña en narrar estas "batallitas" como bien sabe el lector de Predicador, la serie estrella del autor que le dio su justa fama, donde un sacerdote partía a la búsqueda de Dios, literalmente, para ajustarle las cuentas a ese viejo mamarracho y cobarde que huyo del Cielo para esconderse en la Tierra. Entremedias del arco argumental principal surgían anécdotas de barra de bar, como aquel relato del padre del protagonista en las selvas de Vietnam y su encuentro con John Wayne; o aquella historia de Cassidy sobre cómo se convirtió en vampiro, precedido por sus recuerdos de la lucha bajo las ordenes de De Valera, Liam Niss..., Michael Collins y otros padres de la patria nacional-católica irlandesa durante la rebelión de Pascua de 1916 en Dublín.


En Condors hay cuatro war stories dentro de una, con lo que resulta un trabajo redondo (el mejor de la producción hasta ahora). Todos tienen sus razones, todos tienen una historia que contar sobre por qué están allí. Un repaso a los tipos perfilados: el inocentón, léase "pánfilo", piloto alemán, el socialista inglés y su estúpido idealismo, el fascista irlandés sin escrúpulos (¿carece de escrúpulos porque es un fascista, o es realmente un fascista porque no tiene ninguno?); y, por ultimo, un republicano español con boina y mono de miliciano incluidos, del cual nada se nos dice de su afiliación política, aunque sí de las terribles y viscerales razones que lo llevan a combatir. Los dos últimos personajes son los que tienen las mejores líneas de diálogo (se aprende un poco sobre los "otros" brigadistas, los que combatieron por Franco sin ser soldados) siendo el español el que clava la puntilla con su declaración final sobre esa batalla en la que están inmersos, esa guerra en particular, las guerras en general y la humanidad en su conjunto. En su rencor hay algo que recuerda la dedicatoria que Camilo José Cela escribió para su propia versión de la guerra civil San Camilo 1936:



A los mozos del reemplazo del 37, todos perdedores de algo, de la vida, de la libertad, de la ilusión, de la esperanza, de la decencia.


Y no a los aventureros foráneos, fascistas y marxistas, que se hartaron de matar españoles como conejos y a quienes nadie había dado vela en nuestro propio entierro.




Los matices de los personajes son grises, el tono general de la historia es negro hasta lo oscuro, incluidos los chistes. Quizá hay algo exagerado en las citas cultas sobre Marx y Darwin y, puestos a ser meticulosos, parece un milagro que todos los protagonistas puedan entenderse tan bien en inglés. Pero el trabajo de documentación textual y visual (el bombardeo de Guernika, descrito en sus sucesivas fases con la rigurosidad de un parte de guerra: todo el horror queda encomendado a la parte gráfica del virtuoso dibujante Ezquerra) hace de Condors un auténtica narración histórica.

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