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El traficante de libros

Eric: simpatía por el diablo

<strong><em>Eric</strong></em>: simpatía por el diablo Terry Pratchett: Fausto Eric


Tras la irregular Soul Music, novela con más baches que logros, aparece en castellano esta pequeña obra (no más de 150 páginas) que concentra lo mejor del ingenio de Pratchett en un espacio reducido, con apenas tres personajes desarrollados, los justos y los necesarios: el invocador fáustico y demonólogo venido a menos que da título al libro; Rincewind, un habitual que pertenece de la plantilla fija del Mundodisco y el Diablo en persona.


Es necesario aclarar que la longitud de esta obra viene dada por el formato de libro ilustrado del original inglés (en la versión española carece de dibujo alguno, casi hasta en la portada), al igual que la todavía inédita The Last Hero. Gracias a ello, su autor deja a un lado la engorrosa tarea de la descripción, ardua a veces tanto para el lector como para el escritor, y pasar a las ideas, apenas dedicando un esfuerzo a la trama que es simple aquí como el mecanismo de un picaporte: Eric invoca al Diablo y en su lugar aparece Rincewind. Pasan algunas cosas; a su vez, el Diablo persigue a Rincewind por intrusismo profesional. Pasan algunas otras cosas. Fin.


Lo que de verdad atrae el interés, siendo el aliño de la simplicidad casi perfecta de esta novela corta, es el espíritu de la parodia, las ideas antes mencionadas. Aquí, el Traficante reconoce haberse hallado en un cruce entre las simples parodias sobre el género de fantasía iniciales de Pratchett, como La Luz Fantástica o El Color de la Magia, y obras complejas y más oscuras (menos "graciosas", más "graves") como Dioses Menores y otras que llegarán algún día traducidas, caso de Night Watch. Desde luego reírse de la cultura clásica como lo hace aquí con los temas de Fausto, La Divina Comedia, o la poesía homérica es un paso más hacia la consagración de Terry como el gran retratista de los tópicos culturales de nuestra época. Pero no se trata sólo eso.


Existe una ironía profunda que se encuentra enterrada en las mismas raíces del Mundodisco, el mundo de Pratchett, que alimenta los ideales de sus historias. Sale a la luz para el lector a través de esos chistes, expresados en forma de paradojas, que actúan como contundentes golpes de ingenio sobre los mismísimos fundamentos de las ideologías de nuestro propio mundo, ya sean religiosas, políticas o sociales. De las primeras hay buenos ejemplos aquí, como cuando se establece que la diferencia que existe entre los demonios y los Dioses del Disco es básicamente la misma que hay entre terroristas y revolucionarios. O cuando se lee que la gente solamente va al infierno si es ahí donde creen en el fondo de su alma que merecen ir. Cosa que no harían si no saben de su existencia. Esto explica por qué es importante disparar a los misioneros en cuanto se les ve.


Con todo, el mayor hallazgo en esta obra es ese infierno al que su supremo líder ha decidido convertir en la empresa administrada de manera moderna y eficiente con la que muchos proletarios de corbata de hoy en día se sentirán irónicamente identificados. Así pues y en definitiva, Eric es el perfecto remedio filosófico para aquellos que sufran de los achaques de la vida diaria y consideren que Jorge Bucay es una vieja meona de prosa cursi. Por lo demás, una muy buena historia.

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