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El traficante de libros

Libro de los muertos

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De Humani Corporis Fabrica: carne para la picadora

<em>De Humani Corporis Fabrica</em>: carne para la picadora Andrés Vesalio: De Humani Corporis Fabrica

Una cortesía del proyecto Turning the pages de la British Library


Hace algunos años, los libros más vendidos escritos por un médico eran los de Pío Baroja, hoy día son los de Robin Cook, ya se ve la evolución del arte. Pero hace algunos siglos Andrés Vesalio (1514-1564) convirtió su manual de anatomía Sobre la estructura del cuerpo humano en un auténtico best seller de la época. Y lo más importante, en un clásico. Este anatomista o físico de origen flamenco que estuvo al servicio del emperador Carlos V sería la mezcla actual de un forense y un patólogo, un especialista en el descubrimiento, descripción y uso de órganos, músculos y otras vísceras que llenan ese saco de piel y pelos que se mira cada mañana al espejo sin reconocerse. En pleno Siglo de los Descubrimientos, la labor del anatomista que levantaba mapas inéditos del cuerpo humano bien podía ser comparada a la de sus contemporáneos cartógrafos del Nuevo Mundo, que iban trazando poco a poco las líneas de costas desconocidas en los portulanos.


Junto a los textos descriptivos, teóricos o simplemente anecdóticos (como la narración de la aventura que le supuso a Vesalio robar un esqueleto) el libro ha pasado a la historia por sus excelente grabados anatómicos, obra de Jan Stephan van Calcar, discípulo de Tiziano. Los dibujos, detallados y naturalistas, muestran a veces figuras humanas completas despellejadas y con el aparato muscular al descubierto, otras veces recubiertas de vasos sanguíneos y otras que son puro hueso. Todas adquieren poses artísticas, como un modelo vivo ante un grupo de estudiantes de Bellas Artes. Algunos actitudes son incluso simbólicas, como ese esqueleto reclinado en una lápida que coloca su mano sobre un cráneo humano al que mira de forma pensativa a través de las cuencas vacías de sus ojos, recordando la mortalidad del hombre.


Las novedad del método de trabajo de Vesalio respecto a los médicos tradicionales, y que le permitió escribir este libro, fue poner las manos en la masa (encefálica). Hasta aquel entonces, el anatomista titulado por alguna universidad era casi un teórico que se mantenía a distancia del objeto de estudio, generalmente un cadáver (con todo lo que el tabú medieval sobre los muertos conllevaba). Mientras, el trabajo sucio de sierra, corta y cose quedaba en manos de tipos tales como barberos, o cirujanos pocos más especializados que un carnicero. De hecho, eran carniceros. Vesalio, dotado del equilibrio entre empirismo y teoría del buen científico moderno examina de primera mano aquello que describe y saca sus conclusiones.


Muchos de sus descubrimientos venían a contrastar o rechazar las teorías del griego Galeno, la máxima autoridad médica durante la Antigüedad y la Edad Media. Por ejemplo, sobre su idea de que el útero tenía forma de cuerno comenta en el libro que ni en sueños Galeno ha examinado de cerca el útero de una mujer, sino acaso el de vacas, cabras y ovejas. Existen en su obra nada más que dos descripciones ilustradas de cuerpos femeninos diseccionados. Vesalio se especializó en anatomía masculina, bien debido a la escasez de cadáveres de mujeres convictas ejecutadas (el patio de la horca era la principal fuente de materia prima) o tal vez al miedo a ser considerado un depravado. Aunque exhaustivo, en su descripción del aparato reproductor femenino Vesalio pasó por alto toda mención de los Tubos de Falopio, que fueron más tarde descritos por su discípulo -¿se adivina quién?- Falopio (1523-1562).


El sentido artístico de estos dibujos se completa, como si se tratase de retratos de personas vivas, con fondos paisajísticos de estilo renacentista. En ellos se muestran escenas campestres y de ruinas, inspiradas posiblemente en los alrededores de Padua, la ciudad italiana sede de la facultad de medicina mas prestigiosa de Europa en la cual desarrolló su labor de enseñanza.


El autor unió el arte con la ciencia de una manera pocas veces alcanzada: es posible que alguien haya oído hablar en la actualidad de un pobre imitador suyo, también médico, que se dedica a hacer exposiciones con cadáveres conservados como estatuas. Pero el interés que despierte esto puede responder más al sentimiento de morbo que a un afán divulgador combinado con un sentido estético. Si alguna vez el Traficante tiene oportunidad de parar ante una exposición de Von Hagens, ampliará el tema. Desde luego, la ambición de Andrés Vesalio parece más sincera, acorde con el espíritu del Renacimiento de un conocimiento total y del paso de unas disciplinas a otras: esperaba que sus imágenes corporales sirvieran, no sólo para médicos y especialista en medicina como también para que los artistas de la pintura, la escultura tuvieran modelos naturales en los que inspirarse. Es más, Miguel Ángel copió las formas de varios torsos descritos en este libro para usarlas en algunas de sus frescos de la Capilla Sixtina.

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Lope de Vega

Lope de Vega Dice Werner Fuld:


La vida del poeta español Lope de Vega (muerto en 1635) podría servir de modelo para un opulento filme de aventuras, y nadie creería que en toda esa acumulación de complicaciones eróticas y tragedias privadas se hacía una representación más o menos realista de su vida. Según algunos cálculos, Lope de Vega tuvo tiempo aún para escribir, simultaneamente, mil quinientas piezas teatrales, de las cuales se han conservado, en efecto, quinientas, pero también poesía, canciones, relatos mitológicos y novelas. Su productividad es un auténtico enigma, pero explica por qué, en su lecho de muerte, pudo decir:

"a Dante lo encontré siempre aburrido"

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