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El traficante de libros

Lilít y otro relatos:En una morada de fango y dolor

<strong><em>Lilít y otro relatos</em></strong>:En una morada de fango y dolor Primo Levi: Lilit y otros relatos


Primo Levi, un joven ingeniero químico italiano de origen judío, permaneció prisionero durante un año en el lager (campo de concentración o exterminio) de Auschwitz trabajando en régimen de esclavitud. De su experiencia en aquel lugar nació la novela Si esto es un hombre, que junto a su ensayo sobre el llamado "universo concentracionario" Los hundidos y los salvados lo han convertido en él autor más conocido sobre esta trágica materia.


Las dos obras citadas, más la novela La tregua que narra su liberación del campo y la aventura del retorno desde Polonia a Italia (dando un pequeño rodeo por Ucrania y Rumania de un año de duración), muestran a un autor dotado de facilidad de palabra, poseedor de eso que se llama una escritura limpia, propia de su formación científica y libre de los excesos metafóricos y la paja adjetival en la que a veces caen (caemos) los especialistas de letras. Nos hablan también de un hombre dotado de una gran cultura, que suma al aprendizaje familiar hebreo, el clásico grecolatino que todo buen europeo poseía entonces, más las lecturas literarias de una mente inquieta que ya soñaba con hacerse escritor antes de que el mundo se le cayese encima: la clásica figura del intelectual ante Auschwitz, que a veces ha inducido a creer que solo se encerraba en los campos a profesores de violín y catedráticos de filosofía. Naturalmente un obrero ruso, un artesano manual polaco, un campesino húngaro tenían más posibilidades de sobrevivir en los campos gracias a su utilidad y a la costumbre del trabajo físico: pero una vez liberados muy pocas de estas personas eran capaces de dejar su testimonio escrito (o al menos, de presentarlo en una forma interesante al lector para que perdurase) como lo hicieron Jorge Semprún, Imre o Kertész o el propio Levi. Ya este último escribe en uno de los relatos del libro que transmitir, expresar, expresarse y hacerlo con claridad, es un privilegio de pocos. Algunos podrían, pero no quieren; la mayoría ni quiere ni sabe.


Así pues, cultura y claridad de escritura son las fuerzas de las que el autor dispone para conformar esta serie de relatos que se divide en tres bloques distintos, donde se agrupan los cuentos según su temática. La primera parte está dedicada al mundo del lager y a sucesos ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial o en la inmediata posguerra; las historias están compuestas por anécdotas personales vividas en aquellos días (Nuestro sigilo, Un discípulo, Capaneo) o escuchadas a otros (Cansado de ficciones, El regreso de Cesare). Pero también tienen cabida episodios históricos de cierta importancia, como el que se narra en El rey de los judíos acerca del gobernante del gueto de Lodz, a la vez un títere impuesto por los nazis y también un ejemplo sobre el ansia de poder a cualquier precio que puede medrar con fuerza incluso entre los más oprimidos (o bien, precisamente entre los más oprimidos).


Lilít, el relato que da título a la recopilación del libro y uno de los mejores entre ellos, parte del diálogo entre dos prisioneros (uno es el propio Levi) y desarrolla una historia dentro de otra historia, llena de una magia extraordinaria salida de la tradición hebrea, sobre el tema de la primera mujer originada en el mismo barro que Adán, antes de la creación de Eva. Pero, a la vez, la magia de la narración tiene que hundir los píes en la tierra, en esta morada de fango y dolor que es el lager y en la que ambos dialogantes se encuentran apartados, fuera del mundo y de la vida. Aunque a veces no falten rasgos de humor, predomina en general la melancolía (pero nunca el fatalismo) sobre estos relatos.


El segundo bloque narrativo nos descubre a un Primo Levi cultivador del género breve de ciencia ficción, a la vieja usanza de un Arthur C. Clarke, quien por lo demás es una de sus influencias literarias. Así, en Una estrella tranquila el autor aúna la capacidad de dotar de humanidad la transformación de una distante estrella en una nova con la descripción del inminente problema cotidiano al que se habrá de enfrentar un astrónomo y padre de familia. La bestia en el templo o Calor vertiginoso son territorios abiertos a los amigos de Escher, Borges y los palíndromos, mientras que Los gladiadores se trata de una humorada (casi habría que decir una italianada) sobre un curioso espectáculo de masas en un futuro algo cercano que quizá algún día llegue a retransmitirse por las televisiones de Berlusconi. El humor perenne del autor continúa con Tantalio, historia acerca de un barniz químico que demuestra ser un eficaz aislante contra la mala suerte, y Autocontrol que muestra lo difícil que es supervisar personalmente las actividades del propio organismo que se consideran automáticas. Los relatos también derivan hacia la fantasía folklorica en Los constructores de puentes o el clásico género de la fábula (Las hermanas del pantano), aunque una vuelta de tuerca a este último tema pueda ser Disfilaxis, donde tras una revolución genética de la naturaleza se demuestra que todos llevamos un animal (o una planta) dentro. Prevalecen aquí, por la brevedad de espacio, la literatura de ideas y de anécdota científica.


El tercer conjunto de relatos agrupa un suerte de cajón desastre, en el que se contienen desde nuevos relatos de la época de guerra hasta una serie de reflexiones más o menos filosóficas. Ejemplos de estos últimos son Los brujos, que combina la lección de antropología con la exposición de una idea tan poco optimista en términos científicos como pueda ser que la humanidad no siempre está destinada naturalmente al progreso técnico, sino más bien al contrario. Otro ejemplo reflexivo es también Descodificación, donde surgen sin previo aviso viejos fantasmas conocidos por el autor. Lo que en principio comienza como una diatriba del incorregible y ya jubilado ingeniero químico contra el uso de los sprays de pintura sobre las paredes, da paso a una investigación personal del ex-prisionero acerca de los orígenes de las pintadas fascistas que inundan un pequeño pueblo, y que se descubren en realidad como un mensaje a descifrar que incita a la reflexión.


En resumen, se suele decir que en el combate de boxeo que se entabla entre el texto y el lector, la novela gana por puntos mientras que el cuento ha de hacerlo por K.O. en virtud del reducido espacio y tiempo que dispone. Pero en este libro, sin embargo, no tenemos tal combate. Estos cuentos que nos llevan de la mano la mayor parte de las veces, son amigables, a veces más tristes a veces más alegres, y no pretenden mayor alarde formal o intelectual que el de dejar constancia de unas ideas lúcidas y unos sentimientos de vitalidad sencillos, pero básicos.

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2 comentarios

Anónimo -

maria -

Me voy a animar y lo voy a leer, gracias!!!!
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