Vivir sin leer es peligroso, obliga a conformarse con la vida, y uno puede sentir la tentación de correr riesgos (Michel Houllebeq Plataforma)
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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2004.
05/08/2004
Palabra de Neal Stephenson. Te alabamos, Señor. El Traficante vuelve otra vez a proposito del bueno de Neal Stephenson. Al amable lector Voronwe le llamó la atención una de las citas extraídas de Snow Crash (la de la religión y las gilipolleces), sobre todo porque le vino muy al pelo en una conversación que mantenía en ese momento. En su labor de contrabando El Traficante trae para su interés y el de cualquier otro una nueva cita de Neal, esta vez procedente de Criptonomicón. UNIX, moral y religión:
Randy no tenía ni la más remota idea de lo que esos dos pensaban de él y de lo que había hecho, pero apreciaba inmediatamente que, en esencia, eso no era importante, porque incluso si creyesen que había hecho algo malvado, ellos al menos tenían una estructura, una especie de manual de procedimiento, para tratar con las transgresiones. Traduciéndolo en términos de administración de sistemas UNIX (la metáfora fundamental de Randy para más o menos todo), los ateos posmodernos y políticamente correctos eran como personas que se hubiesen encontrado de pronto al cargo de un inmenso e insondablemente complejo sistema informatico (a saber, la sociedad) sin documentación ni instrucciones de cualquier tipo, y cuya única forma de hacer que las cosas siguiesen funcionando era inventar e imponer ciertas reglas con una especie de rigor neopuritano, porque se perdían en cuanto tenían que tratar con cualquier desviación de lo que consideraban la norma. Mientras que las personas conectadas a una iglesia eran como administradores de sitema UNIX que, aunque no lo comprendan todo, al menos disponen de documentación, algunos archivos FAQ, How-to y LÉEME, lo que les ofrecía algo de guía sobre qué hacer cuando las cosas empezaban a ir mal. En otras palabras, eran capaces de demostrar adaptabilidad.
El Traficante da fe de que ha conocido a autenticos ateos de moral jesuítica y mañas fariseas. En estos casos, el habito sí hace al monje.
12/08/2004
El blues de la muralla romana (II) Cinco metros de altura por tres de ancho en su parte más gruesa. Recorre 117 kilómetros de este a oeste a través de páramos y brezales. En cada extremo enlaza con un río que continúa la línea defensiva hasta llegar a la costa y dividir la isla de Britania en dos: las ricas tierras llanas al sur y las montañas al norte. Está hecho de piedra aunque, para acelerar los trabajos, los tramos finales se levantaron con turba y luego se construyeron de nuevo en piedra. Tras cada milla romana (kilometro y medio aprox.) del trazado se levantó un fortín (miles) que contenía una guarnición y custodiaba una puerta de acceso al otro lado de la frontera. Entre cada miles a lo largo de la muralla se situaban dos torres de observación, cuya vigilancia era más amplia al estar enclavadas sobre terreno elevado. Las obras le costaron 6 años de trabajo a las Legiones II, VI y XX desde que comenzarán aproximadamente en 122 d.C., tras la inspección personal y la reorganización de las defensas fronterizas del imperio romano realizadas por el emperador Adriano.
El Muro de Adriano, entre Escocia e Inglaterra, es quizá la segunda muralla más famosa del mundo después de la de China y, al igual que esta, ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad. Vamos a robarle una idea a algunos patronos de El Traficante tales como Terry Pratchett o Paul Auster:
Un muro ¿sirve para evitar que escape lo que está dentro o para evitar que entre lo que está fuera?
En El pueblo de la niebla, una mezcolanza de adaptaciones de leyendas irlandesas y celtomanías varias de su autor, Suso de Toro más o menos venía a decir que el muro sirvió para encerrar las esencias celtas en un rincón de la isla y mantenerlas alejadas del mundo civilizado que se encontraba al otro lado. Chorradas.
Lo cierto es que el Muro no era considerado como un castillo al que había que defender de un ataque externo, sino como una barrera que permitía controlar quien entraba o abandonaba la Britania romana (la tribu nativa de los brigantes vivía a ambos lados de la línea defensiva). Las tropas que custodiaban las almenas ni siquiera pertenecían a las famosas legiones mamporreras de élite, que se encontraban acantonadas detrás de la primera línea de defensa en campamentos próximos como Eboracum (York) o Alauna. Los centinelas eran auxiliarii, tropas de apoyo que procedían de la Tungria, en la frontera con Holanda; en otros casos, como los integrantes de la caballería sármata, de las llanuras húngaras, al otro lado del mundo conocido. Su misión era mantener vigiladas las entradas y el terreno al otro lado para dificultar el acceso a los saqueadores. Pero poco podían hacer frente a invasiones en masa (en realidad, migraciones de poblaciones enteras) como las que realizarían los pueblos germanos en su cruce de la frontera helada del río Danubio.
Tras estas descripciones de la última frontera podrían resonar ciertos ecos de la lejana gloria imperial, tambores de batalla, Roma Vincit!, la banda sonora de Gladiator puesta a todo volumen, este último Arturo rodado a golpe de puto video de la MTV y cosas así. El Traficante prefiere aparcar tales memeces y recomienda el conciso poema del señor Auden para aprender la única verdad fundamental de aquellos soldados y de cualquier otro soldado posterior: quiero mi chica y quiero mi paga.
Es necesario, es bueno. Consume y se feliz Frédéric Beigbeder: 13´99 euros Érase una vez un creativo publicitario que trabajaba para una agencia haciendo feliz a gente a la obligaba a querer cosas que no necesitaban y para las que tampoco tenían dinero. El publicista en cambio sí tenía dinero gracias a todos esos pobres desgraciados que se mataban por conseguir lo que él promocionaba a base de agitar sus glándulas cerebrales, puro hipnotismo moderno, oiga. Hasta que un día lo dejó.
¿Como fue? ¿Le entró un ataque de conciencia? ¿Un exceso de cocaína tras su última inspiración creativa? ¿O fue todo junto y algo más? Como fuere, así comienzan las crónicas del publicista rebelde que decide destripar uno tras otro todos los trucos del oficio (escribo este libro para que me echen del trabajo) en una novela bastante autobiográfica, divertida e histérica, con un argumento contado a golpe de frases cortas e impactantes cual esloganes publicitarios: es además la única novela conocida por el Traficante que inserta pausas para la publicidad entre cada capítulo. Quizá el final de la histriónica trama sea un poco surrealista, pero todo lo demás, hasta llegar a la culminación en el Festival Publicitario de Cannes (¿alguien se creía que allí viven sólo del cine todo el año?) es sarcástico, rocambolesco y cierto. Bueno, tan cierto como un anuncio de la tele, mientras se lo crean, ¿que más da? Escuchemos al especialista:
Yo decreto lo que es Auténtico, lo que es Hermoso, lo que esta Bien. Elijo a las modelos que dentro de seis meses, os la pondrán dura. A fuerza de verlas retratadas, las bautizáis como top-models; mis jovencitas traumatizarán a cualquier mujer que tenga más de catorce años. Idolatráis lo que yo elijo. Este invierno se llevarán los senos mas altos que los hombros y el chochito rasurado. Cuanto más juego con vuestro subconsciente, más me obedecéis. Si canto las excelencias de un yogur en las paredes de vuestra ciudad, os garantizo que acabareis comprándolo. Creéis que gozáis de libre albedrío, pero el día menos pensado reconoceréis mi producto en la sección de un supermercado, y lo compraréis, así, sólo para probarlo, creedme, conozco mi trabajo.
Eso, dedicado a cualquier capullo que aún piense que en la sociedad de consumo hay cosas que son necesarias porque son útiles, y no porque te lavan el cerebro cada mañana además del cabello para hacerte creer que son necesarias. Una buena relectura por lo demás: el Traficante tiene el recuerdo particular de haber comprado el libro el primer día del año 2001, nada más entrar en vigor la nueva moneda europea. Por cierto, El Traficante nunca hace mención al precio de los libros (como no sea para discutir el precio fijo por ley vigente en España), pero por una vez hará una excepción. 13´99 euros cuesta 13´99 euros: el título es susceptible de cambios debido a la inflación económica.
31/08/2004
Libro de la Edad Oscura: Arturo y su pandilla Federico Villalobos: Libro de la Edad Oscura ¿Por donde empezar a conocer, si alguna vez se empieza, el ciclo literario del rey Arturo y sus caballeros, una historia que como la del Quijote todo el mundo conoce más o menos de oídas sin necesidad de haberla leído? Para quien no tuviera dedicación para los romances franceses, los poemas de Tennyson, las revisió novelada del mito por parte de John Steinbeck, o las especulaciones sobre arqueología militar de Bernard Cornwell este libro sería un buen comienzo; sobre todo si se inicia a una edad temprana, ya que por algo pertenece a una colección juvenil. Por otro lado, no hay muchos autores en lengua castellana que se hayan acercado al tema artúrico. Aunque universal como el propio don Quijote, estos otros caballeros no dejan de pertenecer al mundo anglosajón y apenas se pueden contar con ejemplos como La Rosa de Plata de Soledad Puertolas o algunos poemas e introducciones de Luis Alberto de Cuenca.
Se trata de un relato de chicos (y chica) para chicos (y chicas) dividido en dos partes: la juventud (El Traficante miente, quise decir adolescencia) de Merlín, contada por él mismo, y la posterior adolescencia de Arturo bajo la protección de aquél. Con los protagonistas en esta edad no es difícil enganchar a un determinado público. Tenemos aventura, algo de historia de la Britania post-romana del siglo V, didactismo, valores de esos que se dicen universales como el compañerismo de la pandilla de Arturo y también un poco de tomar y mezclar las fuentes medievales clásicas: la Historia de los Reyes de Britania de Geoffrey de Monmouth sobre todo.
El lector artúrico reconoce de nuevo los tipos habituales: el cruel usurpador Vortigern, el heróico caballero Gawain, el fiel caballero Kay, la perversa bruja (druida) Morgana y la bella princesa Ginebra (aunque en este último caso hay reservada una sorpresa). Ninguna referencia sin embargo a Lancelot, una incorporación tardía al mito, al igual que la Mesa Redonda. Ésta por cierto es sustituida por la costumbre de la pandilla de muchachos de Arturo de sentarse en circulo en torno al fuego.
La escritura de este Libro de la Edad Oscura sale de la pluma del propio Merlín. Con éste pretende suplir la falta de información sobre los hechos de aquella época. Aunque suene muy lírico o fantástico o lúgubre o lo que sea, una "edad oscura" representa en la Historia simplemente un periodo de tiempo en el que no quedan constancia de datos escritos entre dos épocas documentadas. El mismo nombre de "edad oscura" recibe el tiempo que existió entre la caída de la Grecia Micénica y la aparición de las primeras polis. Si lo llamasen Edad Muda sonaría bastante ridículo.
Por lo demás, en medio de esta oleada de fantasía o de fantástico que cae sobre la literatura infantil-juvenil a la cola de Harry Potter, el relato de Federico Villalobos es una obra que va a contracorriente del género (representado en el mismo estilo y colección por los libros de Laura Gallego). Apunta hacia un tipo de racionalismo y de explicación de lo maravilloso en episodios tan celebres como los dos dragones y el castillo de Vortigern durante la infancia de Merlín, el truco del cambio de identidad que permite al padre de Arturo colarse en la fortaleza de Tintagel haciéndose pasar por el marido de Ygrain, o la entrega de Excalibur. Sin embargo, tanto sentido común para una historia que es la madre de todas las narraciones de fantasía épica europea (anteriormente conocida como "libros de caballería") tiende a ser exagerad, aunque no hay que negar que le da un sabor propio.
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